CON OJOS DE PARUCHY
Abril 28, 2009
CON OJOS DE PARUCHY

APARTADO DE AGUILLERMINA
¡Que maravilla, Guillermina!…Aunque pueda parecer imposible, veo mejor ahora con el ojo, que creí haber perdido, que con el que tenía mejor, porque sólo estaba escondido detrás de una cortina amarilla y extraña, que me impedía ver la luz casi por completo. Estoy tan contenta que le he dado un gran abrazo a mi doctor, que me ha devuelto a la luz y casi podría asegurar que a una nueva vida. Y sin ningún dolor, sino pequeñas molestias naturales en estos casos, contemplando además toda suerte de colores preciosos y mandalas extrañas que algún día trataré de reproducir.
Que bien , Amparo, que ahora podamos ver. Esta experiencia es casi como un resucitar a la contemplación de este hermoso planeta, de esta tierra maravillosa que no sabemos ver en su realidad mágica, ni cuidar tantas maravillas que nos ofrece diariamente. Quizás haga falta un descubrimiento como el nuestro, para darnos cuenta del tesoro tan inmenso que es vivir en ella y amarla con el mismo amor que nos da a todos.
Ahora me sobrecogen los recuerdos de mi infancia, Guillermina, cuando me sentía como ahora, rodeada por la luz resplandeciendo en todos los colores y en todas sus criaturas. Hay algo de magia sutil, penetrante, que llena de gozosa alegría el corazón, con esa tierna euforia de los niños, que ven con los ojos recién estrenados las maravillas de la tierra y del mundo, sin pensamientos, ni razones, ni palabras, con sólo asombro y amor, para alcanzar el cenit de la vida.
No quiero prolongar más esta impresión…Sólo os dejo para acabar los ojos de Paruchy, y las flores que me ha traído mi entrañable amiga Angus, para celebrar mi feliz estreno de ojos. Fijaros en ellas, son los seres más bellos, a mi parecer, quizás por ser también, los más agradecidos de la tierra.
Y con los ojos encantados de Paruchy, recuperados para ver y amar la vida hasta su final, os dedico a todos este pequeño poema, con amor.

Quiero llegando al fin,
ser pura esencia,
ser humo de la brasa
que me quema,
ser resplandor de la mirada
absorta, que ha de quedar
inmóvil en la tierra.
Ser, no siendo, quizás,
más penetrante,
como el aroma intenso
de la flor, que da
toda su esencia
al que la arranca…
Amparuchy
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