VERANO EN LA CIUDAD

junio 23, 2008 at 2:55 pm Deja un comentario

VERANO EN LA CIUDAD

1993

Este libro, como su nombre indica, lo escribí un verano en que me sentía sola, sin amigos con los que compartir los calores y vicisitudes propias de la estación veraniega y, como es natural, se lo dediqué a los que como yo veraneasen en la ciudad. y eso es lo que pongo en la dedicatoria, más o menos.

SIEMBRA

Y yo me quedo en la ciudad
sembrando mi palabra desnuda
en sus desertizadas calles,
de las que todos huyen.

Porque no tengo ese rincón
amable junto al monte o el mar,
que me absuelva del ruido
de la urbana muchedumbre.

VALENCIA

La ciudad queda sola,
en silencioso gesto recoge
sus ventanas, cierra sus balcones
y empareda sus patios
y azoteas. Ruedan sin casi
cruzarse los coches y van
los autobuses doblando en las
esquinas de las calles, donde
algún transeunte acude,
ya sin prisa, a sus ocupaciones.

Tranquilidad que llega cuando
el calor se adueña de la urbe
y un aire más feliz,
menos contaminante, circula
por Valencia de turista.

VIAJE

Puedo viajar sin moverme
de aquí, de tu reducto estrecho
y agobiante. Puedo cerrar los ojos
e imaginar, las alas extendidas,
que planeo por todos los lugares.

Las estrellas serán mis compañeras,
no pasaré el calor de las playas
del Este o del Oeste,
ni de los montes cárdenos
que arrasan los pirómanos.

Pintaré un lago azul,
lo lleneré de pájaros cantores
y me dejaré ir a la deriva,
escuchando tan sólo
el arrullo tranquilo
de los árboles, con el dulce
atractivo de estar sola,
sin turismo y sin ruidos
pernoctando.

CALOR

el calor viaja lento
y desnudo por las calles.
En cada esquina tiende
su bandera, es el dueño
absoluto de la ciudad
dormida y silenciosa.

Su aliento me recorre
sofocándome, estancándose va
en cada habitación,
colándose de huesped
por todos los balcones y ventanas.

Pero vendrá el Otoño
y el invierno después
a refrescarnos y entonces,
tiritando en los rincones,
lo echaremos en falta,
aunque ahora nos sobre.

PONIENTE

La ciudad silenciosa
y tranquila, se tiende frente a mí
doblando las rodillas, cálidas,
desmayadas de calor sus ventanas.

Sus largas avenidas polvorientas
se sienten liberadas del tracto
de las ruedas, casi libres,
sacuden sus papeles al viento
del poniente, serpenteando
sin ruido, remedando
con su paso, furtivo
y sigiloso, a las serpientes.

RAYO DE SOL

Un rayo de sol, agrio
y fastidioso, entra por el balcón
a media tarde. Se cuela así,
como el ladrón que viene
a robarnos la brisa más preciada.

Lo remite un cristal desaprensivo,
cerrado a piedra y lodo,
lanzándolo hasta mí, inocente
víctima de su calor intempestivo.

Pongo un biombo, resisto, pero
él insiste en llegar, se va colando
por la rendija apenas perceptible,
y resbala en mi mano, como
anillo inesperado, que viniese
a destiempo a desposarme.

Y se aleja después por el pasillo,
victorioso y  feliz de haber triunfado.

CIUDAD DORMIDA

La ciudad se ha dormido,
parpadean las luces somñolientas,
como amarillos ríos. Serpentean
los coches. Un cansino borracho
trasnocha en las esquinas
devolviendo sus bilis.
Y un perro bagabundo aúlla
por su hambre y sus desdichas.

Así van los minutos discurriendo
tras las casas oscuras y vacías,
que, indiferentemente, son testigos
de los goces y penas de este mundo.

Maúlla entre las sombras
un gato entristecido,
pasajero en la noche del verano,
solitaria, con la redonda luna,
como única amiga.

VAGABUNDO

Con tu casa a la espalda
cruzas lento las calles.
Tampoco tú, posees
un chalet en el campo,
ni en la playa el refugio
de algún apartamento.

Estamos “huerfanados”
de estas cosas que, al parecer,
posee todo el mundo.

Así vamos, soñando
con aleros y nidos
en las ramas más altas
de los árboles,
donde el turismo
no tiene sentido,
donde el aire nos llena
de canciones dormidas,
que estaban esperándonos
a ti y a mí, viajeros
de sueños errabundos
y encendidos.

LA NOCHE

La ciudad se durmió
anoche sin una queja,
ni siquiera chirriaron
sus goznes herrumbrosos,
como otras veces,
hasta los pestilentes
camiones de basura,
mantuvieron silencio,
un silencio espectante
de asombro inusitado.

Sólo el calor, triunfante,
se pasea desnudo y sudoroso,
luciendo por las calles
cinturones de gatos
y de ratas que huyen
a la fresca tiniebla,
de sus alcantarillas
carcelarias.

CONTRAPARTIDA

Más allá de las sombras
comienza a perfilarse
lo intuido detrás de los andamios,
lo nunca edificado que traspasa
los límites del razonado equilibrio.

Entonces te encuentras
con la verdad desnuda,
casi agonizante, amordazada
en grandes edificios,
que ocultan la riqueza
o la miseria de los hombres.

Y empiezan a dolerte las palabras,
cuando te asaltan y te gritan,
desde la soledad, incomprendida,
de las lágrimas.

NOCTURNO

Por la noche, sin ruido,
circulan librmente los fantasmas.
Entran por las ventanas, silenciosos,
y se creen al mirarme,
que yo también circulo por su órbita.
Algunos son amables, los amigos
perdidos vuelven a visitarme.
Y los otros ululan en la noche
despertando los miedos,
abriéndome los párpados,
espantando visillos,
erizando cortinas.

Así se van pasando los días,
sin una flor siquiera,
para aromar el aire
en la tranquilidad, interrumpida
por algún autobús,
que circula chirriando
por la calle.

NOS NECESITAMOS

Sí,tú a mí,
porque te canto, y yo a ti
para segur cantando. Las dos
estamos quizás, paralizadas
en la imprecisa espera
del adviento seguro.

Tú sentirás la falta
del ruido y de las gentes.
Yo a los amigos. Pero
estamos bién así, solitarias,
con el aire más limpio,
las estrellas cercanas.
Y esa dulce nostalgia
de los que se marcharon
para no volver nunca,
y se quedaron siempre,
fantasmagoricamemte,
rotando en la memoria.

Y los que están quizás,
a punto de llegar, estableciendo
otra vez, su ruidoso dominio.

COMPAÑERA

La soledad es buena compañera
cuando nos va dictando
las palabras, cuando tierna
nos sonrie y nos cuenta
sus historias lejanas.

Porque la soledad total
no existe, siempre hay una flor
que aroma en la ventana,
o un árbol con su sombra
en el camino, o un pájaro
que canta y nos reclama.

Seres que intuyen la claridad
que los difunde, como al hombre
el amor y la palabra.
Como el rayo de sol
que nos descubre
el cielo tan azul
de otra mañana.

FINAL

Éste podría ser el final,
pero nada termina.
Se renuevan las rosas,
se eternizan sin límite
las espinas, las sombras,
las palabras que vuelan
adornando la tarde,
de colores alegres o tristes,
según el corazón
las va dictando, mientras
las voy copiando
sobre el papel,
en silencioso gesto
de ternura.

PAISAJE
En la playa vernácula
a la orilla de un mar,
enfebrecido, hay un saco
de canciones dormidas
y una moneda de oro,
reluciente, que a la tarde
resbala, despidiendo
el verano por la incendiada
luz, del horizonte…

 

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