Archive for febrero, 2009

EL PRIMER BAILE

APARTADO DE GUILLERMINA

Querida Guillermina: ya estoy de nuevo contigo, dispuesta a contarte una nueva historia que nos haga olvidar un poco las penas.
Me parece muy bien Amparo, así rellenaremos un poco también, este gran vacío que nos ha dejado nuestra lorita.
Pues esta anécdota que te voy a contar, se refiere a mi infancia y precisamente me viene ahora a la mente, porque estamos rozando el Carnaval y, como en el túnel del tiempo, vamos a retroceder hasta el año 1935, cuando yo contaba sólo ocho años.
Te imagino de niña, Amparo, rubia y traviesa corriendo por los parques de tu Guadalajara, que tanto recuerdas y añoras…
Tengo todo un libro escrito de aquella época feliz, titulado RELATOS DE PARUCHY- que por cierto, me publicaron en Guadalajara. Pero es demasiado extenso para introducirlo entero aquí, en Internet. Por eso de vez en cuando, como ahora, intercalaré alguno de sus cuadernillos con dibujo incluido…

primerbaile2

EL PRIMER BAILE
Recuerdo el primer baile, como una de las experiencias más felices de mi vida. Fue precisamente en Carnaval, época propicia en iniciaciones, cuando la gente se disfrazaba de cualquier cosa y, tras de las máscaras, recorría las calles de Guadalajara, alborotando con sus risas, y a veces asustando con sus gritos y persecuciones, armados con escobas y calabazas huecas, con las que golpeaban a todo el que se ponía a su alcance. Pero a pesar del miedo que nos daban, nos gustaba salir a la calle para verlas, o asomarnos a las ventanas, porque daba risa ver a todos tan contentos y un poco locos, haciendo tonterías aunque fuesen tan mayores.
Aquella tarde llegaron a casa unas amigas, anunciando un baile de disfraces en el Casino, animándonos a ir con ellas. Mi ilusión hubiera sido poder disfrazarme, pero como la fiesta había empezado, no teníamos tiempo para entretenernos en disfraces. Así, que nos pusimos un traje normal y corriente, con las prisas , el primero que encontramos, y nos fuimos contentísimas, porque nos dejaban ir, por primera vez, a un baile.
Al entrar en el Casino, nos sentimos un poco acomplejadas y tristes, por no estar a tono con la fiesta, y pensé que no me iba a divertir nada, aunque tenía mi bolsa de serpentinas y confeti, para empezar la batalla contra cualquiera, pero así, de pronto, me daba reparo, porque no reconocía casi a nadie a través de los disfraces…Todo era nuevo para mi aquel día y sentía deseos de saltar y gritar, como las máscaras, aunque no tenía careta, ni disfraz, donde esconderme.
Cuchicheábamos, lo guapa que estaba el hada, a la que conocíamos y aquella otra vestida de princesa, y también el lobo, graciosísimo, arrastrando su rabo por el suelo.
De pronto, se me acercó un payaso amarillo, bastante gordito y me preguntó si quería bailar. La verdad es que lo estaba deseando, porque, adiestrada por una de mis hermanas, sabía bailar como una peonza. Así que me fui con el contentísima. Lo malo es que el pobre payaso gordito bailaba fatal y no me decía absolutamente nada, ocupadísimo en darme pisotones… y al terminar la pieza, aunque él intentaba retenerme, huí lejos de aquella apisonadora amarilla…Pasado un poco de tiempo y cuando casi empezaba a arrepentirme de haber dejado plantado al payaso, apareció ante mis ojos un simpático chico, que tampoco estaba disfrazado, quizás por eso, nos sentimos desde el principìo comodísimos los dos y empezamos a charlas sin poder contenernos y…como tampoco sabía bailar, decidí enseñarle, para evitar que mis pies acabaran hechos papilla.
Fue increíble lo bien que nos entendimos, parecía que nos conocíamos de toda la vida. Nos contamos todo cuando teníamos que contar a lo largo de aquella tarde mágica, olvidándonos de dulces y refrescos… Y al contemplar el reparto de premios a los mejores disfraces y otras ceremonias cargantes, coincidimos en que era mucho mejor no estar disfrazados de nada y ser uno mismo, divirtiéndonos y bailando sin aquellos molestos trajes llenos de abalorios, riéndonos de ellos, felices de sentirnos tan bien así. como estábamos nosotros, en un  mundo aparte y maravilloso , sin que nada nos separase en toda la tarde…Y creo que nos enamoramos también por primera vez en nuestra vida… Sólo que teníamos e nueve y yo ocho años, y a esa corta edad, no se es consciente todavía de lo que significa enamorarse.
Acabado el baile, ninguno de los dos quería volver a nuestra casa, a la realidad de ser como antes de conocernos, porque intuíamos quizás que no nos volveríamos a encontrar… Al despedirnos, me preguntó- ¿Vendrás el año que viene?- y le contesté que si, como si fuera sólo doblar la esquina de aquella tarde, el mañana. El aprendió a bailar y yo a desear volver a verle…Pero una guerra, la de aquel entonces, se interpuso en nuestra cita y no volvimos a encontrarnos.
Se llamaba José Luis. aún recuerdo su nombre, llevaba pantalón corto y una tierna sonrisa junto a su anticipada seriedad de hombre y, puede, solo puede, que él recuerde también, aquel, nuestro primer baile.
Eso pasa con las guerras, Amparo. Tu historia hoy sería diferente, incluso tu vida no sería la misma, porque las guerras cambian el destino natural de los pueblos y de las naciones, y como es normal el de las personas. Pero lo más doloroso son sus victimas, a las que arrebatan sin ninguna razón que pueda justificarlo, el derecho más sagrado, el de vivir. porque se creen dioses cuando todos estamos hechos del mismo barro o polvo estelar, y la vida es sólo un misterio insondable, o un regalo de las estrellas que aún no hemos aprendido a valorar.

Estoy completamente de acuerdo contigo Guillermina, así que termino con un poema como siempre y espero que a los amigos internautas que nos visiten, les guste el Relato de Paruchy.

AÑORANZAS

la mujer gris, de pelo blanco
y pasos inciertos, tira de mí
en las noches solitarias
en que el sueño no acude,
y me promete llevarme muy lejos.
Pero entonces  viene la pequeña
Paruchy, con sus muñecas,
con sus juegos y las florecillas
de su jardín, a decirme
que no le haga caso, que todavía
es pronto para irme, porque
el silencio duele, cuando las voces
callan… Y me pide que le cuente
un cuento, y otro, y otro,
una vez más y me hace volver
a  S. Roque, a La Concordia,
a La fuente de la niña,
donde mi alma vuela, como
las mariposas y las libélulas…
Y el sol y la luna, a través
de las paredes, vuelven a iluminar
mi corazón, transido de nostalgia
junto a la niña que fui
en los jardines de mi Guadalajara…

                                                                                                             A.Conde

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febrero 23, 2009 at 8:15 pm Deja un comentario


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