CUENTO

enero 21, 2011 at 8:31 pm Deja un comentario

 APARTADO DE GUILLERMINA
De nuevo estoy en tu apartado, Guillermina, pero esta vez para contarte un cuento, de esos que me invento a veces… No sabía donde ponerlo, si en mis libros o aquí, en este espacio tuyo, él más amplio y comprensivo. Además como el cuento va dedicado a las mujeres, que mejor que éste apartado, en donde hablamos de nuestros problemas. El cuento se titula “Como las golondrinas” y a su final explicaré el motivo que me impulsó a escribirlo. Romana y Emilia, estás dos amiguísimas nuestras me sugirieron que enviásemos cada una un cuento a un concurso, con la idea de que a lo mejor nos los publicaban a las tres, no por el premio que ya está dado de ante mano, como ocurre siempre en estos certámenes. Pero no nos los han publicado a ninguna de las tres. Así que el mío lo publico en este Blog, que es el mejor regalo que me han hecho en la vida…
GRACIAS, a este supermedio de comunicación tan maravilloso de
INTERNET… Y allá va mi cuento, a volar como las golondrinas por él, como las del cuento.

COMO LAS GOLONDRINAS

      Podríamos situar  esta historia en un poblado de cualquier país que tenga, como tradición o costumbre, la ablación de las mujeres, pese a ir contra los derechos humanos y el resto del mundo, en donde no existe legalidad para éstas u otras mutilaciones…Pues bien: en uno de esos países, cuyo nombre dejo a capricho del lector, está el poblado X… cercano a un riachuelo o pequeña laguna, en donde su gente sobrevive cultivando algunos cereales en las tierras lindantes. Hasta tienen un pequeño mercadillo en el centro del poblado, que da  vida a las calles por el trasiego de gente, que viene de otros sitios, a la compra o venta de mercaderías. Cerca de este mercadillo viven nuestras dos protagonistas: Celina y  Devra, su madre…Celina sólo tiene diez años, casi recién cumplidos y, aparenta con su carita seria, curtida por el sol y los avatares de la vida, ser un poco mayor. Para ella despertar por la mañana cuando amanece, significa ir al mercadillo y, prestar ayuda a las mujeres, en colocar las mercaderías, a cambio, las vendedoras la recompensan con frutos, o algunas monedas con las que ayuda a su madre, incluso a veces le dan algún dulce, de los que tanto le gustan…Pero hoy es un día muy especial…el de su ABLACIÓN y Celina está tan espantada, que no puede pensar en otra cosa y, ni el mercadillo consigue atraer su atención. Este acontecimiento tan importante y a la vez tan terrible, la ha mantenido en vela casi toda la noche, y cuando la claridad apenas anuncia la salida del sol por el horizonte, ya esta Celina en pie contemplando las sombras que se esconden por los rincones de la casa haciendo cucuruchos con su miedo…Unos tíos suyos y primos, van a venir desde otro poblado a participar en la fiesta. Pero por primera vez no le alegra que vengan y, eso que Celina se siente muy sola y triste, desde que murió su hermana Nur… Aún conserva ella las cosas que le regalaron a Nur, el día de su ablación y recuerda la fiesta que hicieron y, a las vecinas, que trajeron comida y regalos para Nur. Al principio su hermana estaba muy contenta, sobre todo con una muñeca india muy bonita, que le trajeron los tíos  y que, por primera vez, hizo sentir a Celina, celos y envidia de su hermana, porque de ella, no se acordó nadie, sólo su tío Oman, que le trajo unos dulces. Todo fue nuevo para ellas aquel día, y Nur y Celina jugaron con sus primos y otras niñas parte de la mañana… Hasta que llegaron las Purificadoras. Aquellas tres mujeres, altas y delgadas, vestidas de rojo, se hicieron muy amigas de Nur dándole golosinas y, se la llevaron con ellas, junto con dos niñas más, a la casa vecina… Celina tenía siete años entonces y nunca había escuchado llorar a su hermana como aquella vez…Todavía le parecía oír los gritos desoladores de Nur y de las otras niñas…Cuando la trajeron de nuevo sangraba mucho y se quejaba dolorosamente y, no dejaba que la tocase nadie, ni siquiera Celina, con lo que se querían las dos… Nur estuvo muy enferma después, con mucha fiebre, se le hinchaban las piernas y empezó a no querer comer. No le importaban los regalos y se los dio a Celina, hasta la preciosa muñeca, porque no quería ni verlos… Lloraba mucho y se pasaba las horas medio dormida y sin hablarle de nada, ni contarle aquellas historias tan bonitas, que sólo Nur sabía contar…Así pasaron los días aquellos, inolvidables para Celina. Incluso vino un curandero, que les dio unas yerbas para curarla, que había que machacar y hervir. Hasta que una mañana Celina, no pudo despertar a Nur, a pesar de llamarla mucho. Y acudieron a sus gritos las vecinas, que avisaron a su madre y al curandero… Pero nadie consiguió despertarla y, se la llevaron para siempre, envuelta en un lienzo blanco, con muchas flores… Su madre y ella habían llorado mucho la muerte de Nur y las dos estaban tristes desde entonces…  Habían pasado ya, más de tres años de la ablación de su hermana y quizá no se acordaba ya nadie de Nur… Sólo ella, Celina, no la olvidaba. Cada mañana pensaba en su hermana a la salida del sol, cuando juntas acudían al mercadillo a prestarles ayuda a las vendedoras y, lo contentas que se sentían las dos cuando las recompensaban con  frutos o monedas, que entregaban a su madre, o dulces que compartían, felices de poder pasar tantos ratos buenos, juntas siempre, cocinando a veces el arroz o el mijo, o contando historias y, haciendo muñecas con los trapos viejos de la madre…. Devra trabajaba de noche en las afueras del poblado, donde Nur y Celina tenían prohibido ir, porque siempre había hombres merodeando por aquel lugar. Devra se ponía ropa buena y se pintaba y adornaba como nunca lo hacía de día, y no volvía hasta que el sol asomaba iluminando todo el horizonte… Recordó Celina la historia de dos golondrinas que habían anidado en la ventana de la casa, donde dormían ella y su hermana. La golondrina madre las alimentaba de continuo y, se pasaba el día viajando por la comida de sus hijitos, que traía en el pico y, ellas estaban encantadas con sus piares, y su compañía.  Pero un día dejó de venir la golondrina grande, y las pequeñas piaban sin cesar, porque debían de tener muchísima hambre. Nur empezó entonces a cazar mosquitos y bichitos pequeños y se los ponía en el borde del nido, y al fin las golondrinas empezaron a agitar las alas muchas veces, hasta darse cuenta de que podían volar como sus padres y, se fueron también… Un día, -le dijo Nur al verla triste, -Nosotras también nos iremos algún día, como ellas Celina… -Pero sólo Nur, se había ido como las golondrinas, dejándola sola con su miedo…Celina dio un gran suspiro y sintió que le dolía el corazón, como siempre que pensaba en su hermana. Aquello de la ablación, debía ser algo malo y terrible, pero su madre le decía siempre, que si no la purificaban con la ablación, ningún hombre se querría casar con ella, como le había pasado a Devra, que por eso no tenía marido, ni ellas un padre que las protegiese y ayudase… Pero Celina sólo sabe que su hermana Nur, murió después de la ablación, por no sé que extraña enfermedad desconocida y, que ni el viejo curandero había encontrado remedio par curarla…
        Celina se pone con cuidado y muy despacio el trajeque su madre ha dejado para ella… Es azul, con estrellitas doradas, muy bonito. Le hubiese gustado poderse ir al mercadillo, como otro día cualquiera y, no tener que ponerse el trajecito aquel, que de tan precioso parece que se le va a romper al ponérselo… No podrá ir nunca con él al mercadillo, para no mancharlo de tierra, como los que lleva a diario que no importan, pero éste la oprime el pecho como una coraza… Celina tiene ahora la misma edad que su hermana Nur, el día de su ablación… Cuando se mira en el espejo de la madre, se encuentra diferente a otros días. Con una cinta  ata su pelo por detrás y, cuando vuelve a mirarse en el espejo, en vez de a ella, ve a su hermana Nur, se le parece tanto, como si fuese  Nur aquel día, con el traje del mismo color que el suyo, las mismas estrellitas…- Nur, Nur-solloza-Ayúdame, Nur, ayúdame…No quiero morirme como tú, no quiero casarme, no quiero regalos, no quiero nada…Nur, Nur…
          Devra, la madre, que ha vuelto del trabajo, sequeda en la puerta, escuchándola y, la mira con los ojos llenos de lágrimas, contraída también en el mismo dolor y su amargura se desborda. Cuando ve reflejada en el espejo a la niña, le parece que a través de ella, la está mirando Nur…por un momento las ve fundidas a las dos, llorando, suplicantes y… siente que no puede seguir soportando el yugo de una tradición tan cruel, que ha sido, impuesta a las mujeres  por los hombres. Esa castración, como un castigo para ellas, no puede ser impuesta por Alá, siendo que el parto de los hijos, es ya suficientemente doloroso, para la purificación de todas las mujeres, como madres de la humanidad, que es a veces tan cruel con ellas…Devra se había librado de la ablación por ser huérfana y, tener que cuidar de sus hermanos más pequeños… por ello no interesaba a su padre, ni a sus dos mujeres ponerla en peligro y, mucho menos, darla en matrimonio. Ahora se da cuenta Devra que aquella circunstancia, que tantas veces  ella ha lamentado, al verse rechazada por impura, la llena de agradecimiento hacia su progenitor y madrastras, por estar viva y darle el valor suficiente para librar del yugo de la ablación a su hija Celina… ¿Cómo va a arriesgarse a perderla a ella también…? Y, estrechándola contra su pecho llora como la niña, y, luego se ríe como loca, porque al fin sabe lo que tienen que hacer las dos… Irse, irse como las golondrinas de Nur, lejos… donde no existan tradiciones tan terribles, capaces de causar la muerte de una niña, y de quién sabe cuantas más…
        – Nadie va a hacerte ningún daño Celina- le dice, entrecortadamente, -Nos vamos de este poblado- Devra le ayuda a cambiarse el traje rápidamente- Cojamos todo lo que es más importante, lo mejor que tenemos y podamos llevar… No llores más, no permitiré que nadie te toque…- Las dos se miran, radiantes los ojos a través de las lágrimas, cómplices y unidas como nunca. Apresuradamente hacen dos bártulos con lo más preciso. Celina mete en el suyo la muñeca india de Nur. Así es como si Nur también se fuese con ellas. Corre prisa marchar antes de que llegue nadie. Ni hermanos, ni vecinas, ni purificadoras les harán cambiar de opinión… Huyen las dos por la parte de atrás de la casa, evitando encontrarse con la gente que está preparando el mercadillo. Van cargadas con los bártulos, pero contentas, ágiles, felices…
      Nos iremos donde no nos conozcan, ni nadie nos hable de ablaciones. le dice Devra… Como las golondrinas de Nur, Celina, a las que solamente cuida y protege Alá… – Y las dos se ríen, sin saber de qué, contentas a pesar de que el camino que comienzan es difícil…!!LA LIBERTAD…!!
        Cómplice de su huída, la sonrisa del sol se extiende ya en todo el horizonte y, sobre ellas, el cielo es ahora de un alegre color azul verdoso, del color de la esperanza…

   

Este cuento lo escribí, después de ver una película sobre la ablación titulada MOOLAADE y, se lo dedico a todas las mujeres que la han sufrido y, a las maltratadas por el machismo, único responsable de todos los maltratos a las mujeres existentes en este planeta…Esto me hace pensar, que quizás de ese machismo culpable seamos responsables todos nosotros, madres, padres y educadores, marcando, como principal objetivo desde el nacimiento, las diferencias entre niños y niñas, en vez de tratarlos a todos como seres humanos o personas, sin discriminaciones de sexos, razas ni religiones y, con igualdad de derechos…

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FELICIDADES CHAPEAU

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