Archive for octubre, 2011

AMOR DE ENTONCES

APARTADO DE AGUILLERMINA
Querida Guillermina, esta vez es un cuento lo que voy aconfiarte, como el título indica, se refiere al amor de entonces, que tu también recordarás, cuando casi era pecado ir cogidos del brazo y no digamos besarse en público o en privado.. Así cambiamos el tercio y nos olvidamos un poco de la crisis, del satélite que se nos cae encima y de quién sabe que cosas más… Y. compartiremos nuestro anticuado amor con los internautas que quieran acompañarnos.

                                       AMOR DE ENTONCES

      Siempre queda algo detrás de nosotros cuando emprendemos un viaje, quizás una pequeña parte nuestra que no desea viajar…alguien dijo que partir es morir un poco y en aquel momento sentía la certeza de que era verdad. Me asaltó una pregunta inesperada- ¿Por qué me iba en aquel tren?- Las últimas casas de V… habían desaparecido y el campo lleno de sol, alegre, parecía reírse de mis dudas, acaso no había deseado tanto aquel viaje. Huía obstinadamente de mi cuerpo sentado junto a la ventanilla de un tren, que me perseguía llevándome. Era una lucha vana, inconsciente y al fin cesó… Sentí la realidad del brazo del asiento en donde apoyaba la mano y el rítmico movimiento del tren y, de mi propia vida que me llevaba hacia ti…Era extraño que después de haberlo deseado tanto, durante días y días de impaciente espera, se despertaran en mi deseos contradictorios de huída, que me hicieron desear en el momento crítico, que el viaje fuera suspendido… Recordaba un poema escrito hacia tiempo y me aferraba a él como si dependiera de sus palabras. Sentí tristeza en vez de estar alegre, y añoraba mi estancia tranquila en aquel pueblecito andaluz, pensando que faltaba una eternidad para que el día ansiado de nuestro encuentro en M. llegase… Recordaba   cosas absurdas que había vivido sin desearlas, ni concederles importancia, pasé tiempo en aquel extraño cruce de pensamientos y, al fin encontré tu carta y, en ella la causa de mi incertidumbre. Aquella última carta tan distante y extraña, te alejaba cuando íbamos a estar tan cerca… Me pareció oír de nuevo unas palabras de labios de una gitana…”Tu estrella brilla mucho y hay un hombre  que te quiere, pero… ¿habría algo de verdad en aquellas predicciones, sobre las líneas de la mano?…deseé con fuerza hallarme a tu lado, que hubiera pasado toda la noche y la mañana siguiente. Tú llegarías por la tarde, y sería como si no existiesen aquellos meses que nos habían separado, pero aquella carta, como una interrogación me llenaba de angustia… ¿Qué es lo que me habías ocultado?… Sentí deseos de que el tren se parase o no llegase nunca. Poco a poco oscureció y empezó a llover menuda, monótonamente. El paisaje se fue borrando, se lo llevaron las sombras y luego penetraron por las ventanillas del tren, aunque estaban las luces encendidas, porque las sentí llegar hasta mí, envolviéndome. Recordé que casi siempre que coincidimos en M… hizo mal tiempo. Saqué la mano por la ventanilla y, sentí el húmedo  y frío saludo de M. en mi mano…

      A través de las gotas de agua que empañaban los cristales del taxi, las luces brillaban borrosas, indecisas… Pero mañana vendrías, aunque siguiera la lluvia cayendo en pequeñas lágrimas insistentes… Mañana.

      Había soñado muchas veces con ese momento en  que te vería aparecer y bajaría a tu encuentro, sentido casi real bajo mis pies el paso rápido de los escalones, el contacto del pomo de la puerta al salir y, por último… tus manos de nuevo, fuertes y cálidas en las mías,  lo había imaginado tantas veces, que al bajar las escaleras, incluso al estrechar tus manos, me sentía lejos, en el pequeño jardín de aquel pueblecito o en casa, en V. pensando en ti, pero mis ojos no estaban cerrados y ya no existía el peligro de que desaparecieras de repente como en mis sueños. Al fin eras tú y estabas a mi lado, tan cerca como lo había deseado. Al mirarte, la vida corrió intensamente y todos los paisajes vividos quedaron atrás, perdido el relieve. Fue como si el tren se hubiera detenido entonces y, no la noche anterior y, descendí de él sin equipaje, sin recuerdos, contenta y absurdamente feliz…M. había sido creado de nuevo en aquel momento para nosotros y nos pertenecía por entero.
      Anduvimos despacio, con naturalidad, como si el día anterior nos hubiéramos visto también. Los relojes y el tiempo, que antes habían marchado lentamente, recobraron su ritmo. Hablábamos de cosas sin importancia y poco a poco me volvió la oscura duda anterior, olvidada tras  la emoción de volver a verte, pero me contuve esperando el momento de formularte mi pregunta. Entramos en un cine huyendo de la húmeda tristeza de la tarde y al quitarme el impermeable, sentí la impaciencia de tus manos y  tu intensa emoción cuando al fin estrechaste las mías… recuerdo que olvidé el impermeable sobre tus rodillas, y que al mirarte, me dieron miedo tus ojos en la oscuridad…Estábamos muy cerca y hubiera querido prolongar nuestro silencio, sin explicaciones, sin preguntas, más allá de la vida y del tiempo, pero mi corazón necesitaba saber… me asustaba ser tan feliz y haber olvidado mis temores de días atrás, la felicidad exige, tarde o temprano una paga y, supe entonces que tú hablarías, que había llegado ese momento. Te negabas a confiarme aquel secreto- Es pronto todavía- dijiste, y yo pensé, por el contrario, que era demasiado tarde, que me lo debías de haber dicho antes, mucho antes, cuando te lo pregunté una vez…porque no me hubiese enamorado de ti…Te ayudé a decirlo, tenías otra novia en el pueblo donde vivías… Escuchando completamente vencida, aquella voz interior que me había perseguido en el tren, pero es extraño que al decirlas parezcan las palabras distintas…Guardé silencio, un doloroso silencio lleno de sensaciones, demasiado intensas para ser expresadas. La oscuridad del cine y de tus ojos me hacía daño… lloraba por dentro, sin lágrimas, avergonzada de mi debilidad… Deseé que se encendieran todas las luces, hasta las del cielo, que desapareciese la pantalla y sus grotescas imágenes, y tú con ellas… quedarme sola o desaparecer… Pero no ocurrió nada. Me llamaste en voz baja, con miedo quizá a una escena desagradable. Te asustaba que reaccionase llorando o indignándome contra ti… me conocías poco, ignorabas que hubiera muerto a tu lado sin quejarme, si tu golpe hubiera sido suficientemente fuerte para ello. Me sobrepuse bruscamente, ahogando hasta los latidos de mi corazón, para que no los oyeras y, me sobrecogió un mudo reproche dirigido a mi misma, al tiempo, a la vida que me había traído a tu lado, para que me golpearas en el punto más sensible de mi ser y, aún así,  cuando te miré a los ojos, sonreí, para que tus temores se fueran… Es extraño que me dé por reír, cuando me ahogan las lágrimas, pero hubiese muerto antes de llorar ante ti.
      Era injusto haber esperado tanto para vivir aquello, me parecía una burla del destino. Pero sintiendo tu apurado nerviosismo, me fui olvidando de mi misma, de mis emociones, para recordarte como te había querido antes, pensé en tus cartas, hubiera sido tan sencillo que me lo dijeras en una cualquiera de ellas, me desconcertaba que hubieras preferido decírmelo de palabra. De lejos todo habría sido diferente, más comprensible. Había en tu actitud algo ilógico que no lograba comprender. Pensé que podía ser mentira, que quizá con ello intentabas ocultar tu indecisión, o cualquier otra causa que preferías eludir. Acaso fuera la única verdad que no me querías. Intentaba encontrar una salida para poder escapar de aquel laberinto de ideas, que danzaban ante mi, ocultando la pantalla y sus imágenes…-Si quieres, dijiste, me iré esta misma noche.- Me asuste al oír tu voz, a pesar de coincidir con mi pensamiento…Debí de haberte dicho que sí, era absurdo prolongar aquella difícil situación… ¿Por qué no lo hice?… No lo sé, quizá porque te quería y habías sido mucho tiempo la razón de todo para mí. Prescindir de ti bruscamente, hubiera significado perder la razón de las cosas, de mi espera, de mi viaje, de todas mis ilusiones. No pude decirte que te fueras… Siempre te había pedido que perdieras el tren, y ésta vez, como todas, deseaba que te quedases, que no te fueras… y si te ibas, que no volvieras más.
      Era pronto cuando salimos del cine, y anduvimos despacio por las calles, sin prisa y en silencio, perdidos entre la gente, que a veces se interponía entre nosotros separándonos. Entonces me preguntaste si podías cogerme del brazo y, te dije que sí. Una vez hacía tiempo, me habías preguntado lo mismo… sonreí al recordar aquel momento feliz, o absurdo, para quién no fuéramos nosotros.. Atravesamos varias calles y fuimos a desembocar a una enorme plaza llena de frío y de oscuridad. Había niebla y el contorno de los árboles se difuminaba en la noche. Estrechaste fuertemente mi brazo y, volví a sentir miedo de ti, de tus pensamientos que desconocía, a ti mismo te conocía demasiado poco y después de tu revelación ignoraba tus intenciones. Sentí frío dentro y fuera de mí. Fue perceptible a través de mi brazo el estremecimiento físico, y tú, lo notaste, pero no pudiste adivinar que también mi alma había temblado. No era precisa mi afirmación, cuando me preguntaste si tenía frío, y te pedí que nos fuéramos de allí, sin mirarte porque no quería ver en tus ojos también la oscuridad… ¿La vida pues, era algo vulgar y despreciable, sólo eso…? Sentí que la mía no era así, ni tampoco mi amor por ti… Las luces de las calles volvieron con su normalidad. Quisiste que te mirara… Tus ojos ya no me dieron miedo y sonreí, te seguía queriendo contra mi misma, contra la vida, y mi cariño recobrado te absolvió. Algo nuevoy cálido corrió por mi sangre conmoviéndome profundamente.
      Cuando nos despedimos, prometí que no pensaría. Por la mañana vendrías a buscarme y, teníamos que hablar mucho aún… Subí despacio las escaleras, pensando que tendría que ocultar mis emociones y, cuando me abrieron la puerta, pude volver a sonreír con naturalidad… Allá, muy adentro, lloraba palabras incontenibles, palabras que una vez sola, en la habitación, callada y oscura crecieron en intensidad atronando en mis oídos. Quise llorar, pero no pude, a fuerza de contenerlas se me habían ido las lágrimas hacia dentro y me ardían los ojos… ¿Cuándo tiempo permanecí así, mirando sin ver en la oscuridad? No lo sé, minutos, horas , siglos. Los relojes se habían parado y sólo mi corazón latía golpeándome el pecho. Me sentía sola, perdida en un mar de angustia que me ahogaba y deje que me arrastrase sin resistencia… Como dedos húmedos, sentí que las lágrimas se me deslizaban hacia las sienes hundiéndose en mi pelo como la lluvia, silenciosamente.

      El día amaneció frío y nublado. Tú tampoco habías dormido bien aquella noche. Huyendo de la lluvia nos refugiamos en un Museo, que ya habíamos visitado juntos hacía tiempo. Hubiera sido sencillo terminar,  pero te negabas a ser sincero y, continuaste engañándome y engañándote, a fuerza de no querer ambos escuchar tú, la voz de tu conciencia y yo, la de la razón… Aquella mañana tensa de emociones, transcurrió tranquila. Admiramos de nuevo los mismos cuadros, que otro día lejano habíamos visto juntos. Revivíamos todos los recuerdos de entonces… Aquel día, muy pronto, también pertenecería a un pasado sin fecha determinada, que no volvería, como quizá tú y yo, no  volveríamos a vernos más. No hablábamos de ello, como si ambos de mutuo acuerdo, hubiéramos olvidado que vendría mañana y, recordábamos nuestros anteriores proyectos, como si ellos pudieran continuar solos, sin ti y sin mí, más allá de nosotros mismos… Me mirabas y te miraba intensamente, queriendo llegar más hondo que las palabras, que los pensamientos. Te recobraba al mirarte, y te volvía a perder de nuevo… Reímos ante unos cuadros grotescos, retorcidos y extraños, enlazados del brazo o de la mano, como si una vez perdidos, quisiéramos encontrarnos otra vez juntos en aquellos ventanales de mundos olvidados, que nos comprendiesen y resolvieran nuestros problemas. Pero nada podían hacer por nosotros y de ellos sólo nos quedaría el recuerdo de su íntimo y cómplice silencio. Pronunciaste mi nombre que era nuevo para mí, porque como tú lo decías no me lo había dicho nunca nadie… Si me hubieras besado, habría resucitado o nacido de nuevo, pero ¿podían acaso cobrar vida, aquellas imágenes que nos miraban desde lo alto…? Yo también me sentía  como ellas, colgada sobre mi propia vida, que seguía adelante abandonándome. Volviste a hablarme de un prólogo que escribirías sobre los poemas que tenía que copiar para ti, me pareció imposible pensar en ello como antes, como si nada estuviera pasando, pero tú ignorabas todavía, que no llegarías a escribir ningún prólogo sobre mis poemas.
      Por la tarde volviste y nos fuimos enlazados del brazo como si nada nos pudiera separar. Era un amargo placer el contacto de tu mano, desee andar así a tu lado durante mucho tiempo insensible al frío y al dolor, sintiéndote sólo. Pasamos frente a un cine y decidiste que entráramos. No recuerdo la película. Nos mirábamos de nuevo y sólo era capaz de sentir tus labios en mis manos, que me llenaban de confusión… Sentí el intenso deseo de que me besaras y, cuando lo hiciste al fin, todas mis dudas fueron borradas en un súbito desbordamiento de todo mi ser, que en aquel momento te pertenecía por entero… Entonces ocurrió algo, bastante natural en aquella época… alguien, detrás de nosotros, protestó de forma insultante, porque no le dejábamos ver la pantalla… Aquello nos hizo el efecto de un jarro de agua fría… Ambos quedamos como estatuas de sal y, de común acuerdo silencioso y culpable, nos levantamos y salimos del cine, avergonzados, sintiéndonos como los que cometen un acto delictivo, porque entonces besarse en público era  obsceno y reprobable. Al salir, el aire de la calle nos supo a gloria del cielo, no nos atrevíamos ni a mirarnos y, como me ocurre a veces, me dio por reírme presionada por la situación, al límite de mis emociones… Al principio. no comprendiste mi risa incontenible y, me mirabas sorprendido sin entenderme, pero al fin se te contagió también, y reímos como locos, o como niños, liberándonos de todas las tensiones, de todos los problemas, que desaparecieron, como si estando en un oscuro túnel, volviéramos a ver la luz. Algún transeúnte nos miraba, viéndonos deambular muertos de risa, borrachos de amor y de alegría, porque quizá fuera también un crimen reírse entonces… Pero en aquel gozoso momento, a ninguno de los dos nos importaba nadie, ni nada… Pasada aquella incontrolable euforia, en la que acabamos, no se si llorando de risa, o de pena, nos fuimos por las calles casi abrazados, completamente ajenos a la lluvia y a la gente, transportados a un mundo que al fin se había olvidado de nosotros, porque ambos, lo habíamos olvidado… Al pasar por nuestro café, nos refugiamos en él, como otras veces y, nos sentamos frente al reloj familiar, que siempre corría demasiado deprisa. Le pedí que fuese más despacio , que se parase por una vez… Cuando te lo conté, sonreíste.  Hablamos mucho, sin encontrar nada, que nos pudiese ayudar a tomar una decisión y buscabas en ello, por miedo a arrepentirte si lo hacías, la absolución para tu conducta. La tensión y todas las emociones habían cesado. Me decías que yo era distinta a ella, a las demás… Me hiciste promesas, que no cumplirías y supe, que era mío el final de aquel viajero amor nuestro, alimentado por cartas y más cartas tan fáciles de escribir, y a veces tan difícilesde olvidar…
      Cuando me acompañaste a casa y al estrechar mis manos, intentaba pensar que no te ibas del todo, que no terminaba aquel día nuestro amor, que volveríamos a vernos… Te miré deseando decirte muchas cosas, te las dije con los ojos, con las manos, con el corazón… luego te fuiste y, me quedé sola, perdida por los escalones que me devolvían a la realidad… Las palabras contenidas del poema, que me habían acompañado desde el tren, tomaron forma estallando  misemociones en él.
Bendíceme madre, dura tierra / donde mis pies se abrieron / como  flores silvestres sobre tu vientre grande. / Henchidos de nostalgia he elevado mis ojos / hasta el cielo como un pájaro preso.  Atrapada / en el cepo de tu  carne y, no puedo volar, / porque mis  plantas adheridas a ti / se me desgarran de dolor al dejarte…
      El día terminaba lenta, dolorosamente y lo despedí, sintiendo que se iría contigo en el tren para siempre… Pasado el tiempo,  quizás recordaría, sin nombre y sin fecha aquel amor de entonces…
 

octubre 2, 2011 at 4:02 pm 2 comentarios


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